La hipoacusia o sordera es un trastorno auditivo caracterizado por la incapacidad de escuchar los sonidos. Esta en enfermedad aparece tanto en personas de edad adulta como en niños o bebé. Uno de cada 300 niños nace con pérdida auditiva parcial, pero uno de cada 1.000 lo hace con sordera total. En ambos casos, sino se detecta a tiempo, se puede transformar en déficit de aprendizaje, trastornos en el lenguaje y mal comportamiento en los primeros años de vida.

Detectando la Hipoacusia

Los profesionales usan varios métodos para detectar la hipoacusia, dependiendo de la edad del paciente. En concreto, para detectar el problema auditivo en recién nacidos se emplea el diagnóstico neonatal universal de la sordera. En la actualidad, los expertos le hacen la prueba al crío antes de salir del hospital y detectan si sufre algún trastorno auditivo.

En edades más tardías se emplean otras técnicas como la otoscopia. En esta ocasión, el profesional realiza un TAC para ver si los huesecillos internos están dañados para concluir dónde se produce la pérdida de audición o hipoacusia.

El audiólogo en otras ocasiones usa el diapasón para detectar alteraciones en la recepción de sonidos mediante las vibraciones de la barra acústica. La audiometría también es una opción para detectar la hipoacusia, es decir, un test en el que el profesional cuenta con la colaboración del niño o adulto para observar los movimientos reflejos ante la escucha o no de sonidos. En esta ocasión, el profesional le propone un juego a la persona para que emita señales cuando escuche el sonido que emiten los auriculares que se coloca previamente.

En cualquier caso, no detectar la hipoacusia a tiempo supone un retraso social, madurativo y de lenguaje. A los más pequeños les puede afectar a nivel educativo o emocional. Mientras que a los adultos le puede provocar depresión